La emergencia sanitaria ha marcado una nueva forma de vida, planteando a los profesionales importantes retos debido a la llegada inminente de la transformación digital en la educación y el trabajo. Hace algunos meses, no habríamos imaginado que las instituciones de educación y empresas de muchos países pudieran quedar vacías, y millones de personas confinadas en sus hogares para resguardar su salud.

Según cifras de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación) en todo el orbe ya han superado los 1.500 millones de estudiantes sin poder asistir a clases por el COVID-19, lo que equivale al 91% del total de estudiantes inscritos en un total de 188 países.

Ante este escenario mundial, los organismos educativos intentan ofrecer alternativas digitales para seguir formando de manera remota, como ocurrió en el caso del Instituto Profesional CIISA, donde si bien la educación online no era un terreno inexplorado, ya que desde 2017 imparte esta modalidad, y con el fin de garantizar las clases para los estudiantes presenciales, migró sus clases y contenido a un formato virtual a través de su entorno virtual de aprendizaje (EVA). Así como CIISA, muchas instituciones han debido explorar en una educación a distancia para enfrentar la situación actual, convirtiéndose en un componente indispensable en la educación del futuro.

EVOLUCIÓN Y RETOS DE LA EDUCACIÓN ONLINE

Dentro de las ventajas que se pueden obtener de educación remota, está el factor de tiempo y dinero en el traslado, pero también es fundamental conocer a los retos que se enfrenta:

  • El aprendizaje híbrido aumentará exponencialmente: La oportunidad de enseñar y aprender con plataformas asíncronas y síncronas producirá beneficios significativos. Con la pandemia existe una comprensión más compartida de que las herramientas digitales son complementos. Realizar los cursos desde casa serán mejores para la práctica, ya que el valioso tiempo de clase se utilizará de manera más productiva para la discusión, el debate y la práctica guiada.
  • Cultura de auto disciplina: El estudiante aprende gracias a las “experiencias de aprendizaje” que el docente desarrolla. El rol del estudiante es activo, en donde tiene por delante desafíos de aprendizaje que superar, con el apoyo del profesor y de sus pares, pero sobre todo con su propio esfuerzo. Los estudiantes son responsables de organizar y administrar su tiempo. Asimismo, cada una de las actividades tienen uno o varios resultados de aprendizaje, al que se llega mediante una experiencia de aprendizaje.
  • Aprendizaje en conjunto: El aprendizaje en equipo siempre será más enriquecedor que hacerlo de forma individual. La motivación que se logra al ser parte de un grupo con una misión compartida puede hacer toda la diferencia, y ese elemento también se debe lograr aún en tiempos y condiciones de aislamiento social. En este sentido, el gran aliado es el uso de la tecnología y plataformas digitales, en donde los estudiantes puedan crear espacios de reflexión grupal.
  • Redefinición del papel del profesor: Los estudiantes pueden acceder con una mayor facilidad al conocimiento, por lo cual el papel de los docentes deberá caminar hacia convertirse en un facilitador o guía para la adquisición de conocimientos.